Innovación, el dulce envenenado

Estamos en la era de la innovación. Nos meten a todas horas la necesidad de innovar para diferenciarse, y hasta casi te condenan en el caso de que no innoves. Hoy en día el concepto de innovación se aplica a prácticamente todas las áreas de una empresa o proyecto: innovación en producto, en servicio, en almacenamiento, en reparto, el trato al cliente, … y un sin fin de conceptos a cada cual más “normal”.

Es interesante reflexionar, sin embargo, en los peligros de la innovación, porque depende de qué se haga o cómo se utilice se puede convertir en un dulce envenenado. La capacidad de soportar la innovación es la que va a marcar el éxito o el fracaso.

Todas las empresas o proyectos emprendedores prestan servicio a un target o público objetivo concreto. Las normas de funcionamiento de este grupo de empresas o personas que consumen nuestros productos o servicios, están acostumbradas a unas “normas de funcionamiento” por las que se rigen a la hora de decantarse por una marca u otra.

Pues bien, cambiar este “statu quo” es lo que se puede entender como innovación, y por este mismo “status quo” es por lo que la innovación se puede volver en tu contra, me explico. Un proceso de innovación requiere de un esfuerzo de tiempo = dinero para pensar en qué hacer, o bien encargarlo a alguien para que lo haga. Una vez hecho, es necesario implantarlo en nuestro proceso y, en su caso, formar a todas las personas que forman parte de nuestra empresa o proyecto para que lo interioricen y sean capaces de “vender” esa innovación.

Si todo esto no fuera suficiente y lo hemos superado, queda la parte más divertida: cambiar el hábito de consumo en tu público objetivo. Para mantenerte en el mercado necesitas que tu target entienda tu innovación, para lo que es necesario que te comuniques  con ellos y que tengas el músculo financiero suficiente para soportar en el tiempo ese periodo de transición.

Es obvio que un buen estudio de mercado, si, si, esos que están en desuso y que ya nadie hace, te darían la pista para hacerlo, pero es igual de cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de contar con las herramientas para hacer estos estudio, además, internet dificulta sobremanera obtener datos fidedignos dada la atomización del mercado y lo caro que se ha vuelto obtener feedback de quien te compara/elige por internet.

Definir los objetivos de la innovación

Atendiendo a la dificultad que representa en base a las reflexiones anteriores, resulta fundamental planificar de manera exhaustiva los objetivos que se persiguen con este proceso de innovación. Así, fidelizar a los clientes actuales, ampliar el volumen de target, obtener un golpe de efecto frente a la competencia o dar el salto a nuevos mercado se postulan como los principales.

Mi recomendación es la de innovar sí, pero con cautela y mucha mucha estrategia y planificación, sobre todo financiera, ya que un error de cálculo a la hora de plantear qué es lo que puede suponer dar a conocer y afianzar nuestra innovación puede ser fatal.

Innovar si ya estás en m mercado vs innovar desde cero

La base cualquier negocio se basa en la crear un concepto que genere valor al comprador o consumidor. Cualquier producto o servicio que lo aporte funciona, siempre y cuando exista empatía entre quien compra y que vende, bien a nivel personal o bien a nivel de marca.

Si estás en la fase de lanzarte al mercado con un proyecto de emprendimiento, te recomendaría coger algo que ya existe y adaptarlo a tu zona o publico aportándole mucho servicio y mejora constante, y que además sea valorada por quién la recibe.

Como resumen, te diría que la innovación profunda es para las grandes marcas que tienen dinero para afianzarla, e incluso que se pueden permitir el lujo de fracasar con su innovación y aun así su músculo financiero no se resienta. El producto o servicio no tiene que ser muy innovador porque hace falta mucho dinero para darlo a conocer.

En este sentido, es mejor coger algo que ya existe y aportarle valor, porque el mundo no es para quien crea permanente buenas ideas, sino para quien las hace realidad. Ten en cuenta que un invento nuevo es la integración y personalización de muchas que ya existen.

5 reglas clave para acometer un ejercicio de innovación

  • Tener muy definida la estrategia y objetivo
  • Definir lo que aporta a tu target
  • Garantía de músculo financiero
  • Implicación del equipo colaborador 
  • Frialdad para retirarte a tiempo