Equilibrio

Ha llegado el día en el que coger el toro por los cuernos y hablar de una palabra a la que probablemente no se le otorga el lugar que merece. Para mí sin duda es LA PALABRA. Debiera estar en un museo y se debería enseñar en las escuelas como la esencia, como la madre de las palabras.

El equilibrio es ecuanimidad para la toma de decisiones, es disfrutar de una vida plena, es crecimiento sostenido, es respeto hacia tu propia persona y a las que te acompañan en la vida. El equilibrio es esa palabra que te permite disponer de todo un poco para hacer un mucho.

No sirve de nada trabajar como animales si no tenemos un vida personal plena y feliz. Y no solo es que no sirva, es que probablemente no es posible. Como tampoco es posible tener una vida personal plena y feliz cuando tu profesión te amarga la existencia. Tú como ser humano eres uno y eres indivisible. Todo tu ser debe de estar equilibrado para que las cosas fluyan.

De la misma manera que se antoja como imprescindible el equilibrio entre las dos principales facetas de tu vida, la personal y la profesional, es importante mantenerlo también entre cada uno de los aspectos que forman cada gran área de manera independiente: si hablamos de vida personal podemos hablar de familia, salud, amistades o bienestar emocional, y si hablamos de la parte de negocio podríamos hablar de branding, estrategia, objetivos o mercado.

Pero como decimos que eres un ser indivisible, vamos a tratar todos los conceptos mezclados, y desde esta perspectiva, es evidente que el exceso de algunos de los conceptos en detrimento de otros supone un desequilibrio difícil de sostener, así, con exceso de confianza pero sin estrategia es muy probable que te estrelles, de la misma manera que con una gran dosis de actitud pero sin confianza o conocimiento, y al igual que con mucha ilusión pero sin objetivos claros, plan de acción o conocimiento del mercado – sector es difícil que algo funcione.

Una vez en este punto, estarás de acuerdo conmigo en que cada de ellas de manera independiente te deja en una situación no del todo deseable, y que sin embargo manejar a todas ellas en conjunto con un cierto equilibrio te deja en una posición con una visión global, y que a mi entender es la adecuada para avanzar de una manera más acertada.

No se si funciono así porque lo pienso o lo pienso porque funciono así, en cualquier caso, la realidad es que siempre he vivido en equilibrio mis dos facetas de la vida, en mi vida profesional tengo conocimientos de todas las áreas y en la vida personal el equilibrio es también seña de identidad. Es precisamente esta situación la que me ha permitido desarrollar mi estrategia con vista de águila.

Para que termine de quedar claro del todo, cuando hablo de una estrategia lo hago desde el punto de vista de una estrategia de crecimiento personal y de una vida (no solo de negocio) en la que como ya hemos dicho se fusionan las dos parcelas principales de tu existencia. De este tema hablé en el post justo anterior.

El crecimiento, mejor sólido y sostenido

Mi experiencia me hace defender que los crecimientos deben ser sólidos y sostenidos. La solidez de un crecimiento se mide por el tiempo que eres capaz de sostenerlo (a no ser que en pleno auge vendas tu empresa o proyecto y esa sea la estrategia), y no solo por eso, si no también porque de ese punto ya no bajas y la curva solo sube de manera constante, aunque sea lentamente.

Sostener un crecimiento transmite y es sinónimo confianza, de saber hacer, de estrategia y de un plan de acción estructurado en pos de un objetivo. Esta última palabra, objetivo, es la que hecho mucho de menos en los procesos de emprendimiento; cuando hablas con alguien que está en este proceso, rara vez sucede que es capaz de responder a la siguiente pregunta: de manera personal, ¿a dónde te conduce este proceso? ¿cual es tu objetivo personal a la hora de emprender? ¿en qué creces tú con tu proyecto? … SILENCIO …

Crecimiento si, pero para qué moverte si no sabes a dónde

Ponte en la situación de que tienes un amigo que tiene un coche en el garaje, y un buen día te dice que se va, que se va a poner a conducir pero que no sabe a dónde va, que su intención es ponerse a hacer kilómetros sin un rumbo fijo.

Supongo que tu primer pensamiento es que está un poco loco o que ha perdido la cabeza, y tu reacción y pregunta más lógica es la de, ¿por qué vas a gastar tiempo y dinero si no sabes a dónde vas? ¿es que acaso has confundido el movimiento con la concreción? ¿supongo que sabes que nada se va a concretar si no defines qué es lo que quieres concretar? …

Pues bien, extrapola esta situación a una persona que inicia un proceso de emprendiendo y no tiene un objetivo, ¿qué crees que le va suceder?… Ojo, no digo que esta no sea una forma de empezar y abrir nuevas vías, y a mi propio ejemplo me remito, que empecé mi proyecto de manera inconsciente con 24 años sin saber a dónde me llevaría y aquí estoy (fruto de la adaptación y reinvención constante), pero si afirmo categóricamente que saber desde el principio a dónde te diriges facilita la definición de la estrategia, acorta los tiempos y facilita mucho el camino.

Mi propuesta es la de trabajar desde la persona, desde el crecimiento personal, y entiendo el equilibrio como concepto fundamental para un buen crecimiento, porque por muy bueno que sea tu proyecto y por muy bien que lo estructures, no funcionará si no es bueno para ti.

Emprende en ti y pon a tu actividad profesional a trabajar para tu crecimiento personal. Te garantizo que esta estrategia, junto con el equilibrio, funciona. Deberías probarla.