Condenar el no de aquellos que te digan que no lo puedes conseguir

Protegerte de tu entorno es una ardua labor a la que te tienes que enfrentar si quieres ser puro en tu proceso de emprendimiento. Al principio, te vas encontrar con gente que te dice que es imposible lo que quieres conseguir, que es una locura, y que te va a suponer un esfuerzo que no tiene ninguna recompensa, que no merece la pena y que es un riesgo que es mejor no asumir.

De la misma manera, pero puedes estar seguro, que una vez que lo consigas, te dirán que ellos estuvieron a tu lado animándote para conseguirlo.

El proceso de emprender se vive en soledad, y esta es, sin duda, la mayor dificultad a la que se enfrenta una persona que emprende. La información a la que está sometida a una persona que se encuentra en este proceso es un auténtico bombardeo de todo tipo de opiniones que el entorno más cercano te da, siempre en relación y condicionadas por sus propias creencias y paradigmas. Abstraerse de este tipo de información, mantenerse fiel a tus principios y valores, concentrarte tu objetivo y trabajar desde el convencimiento de que lo que estás haciendo es lo adecuado, es una tarea complicada para la que casi nadie está preparado, y que sin embargo es la que marca la diferencia.

La pureza desde donde nace tu convencimiento para iniciar este proceso es la que nunca debes poner juego. Un proceso de emprender es un proceso de crecimiento personal, mucho más allá y muy superior a empezar un negocio. El negocio no es más que la consecuencia de lo que tú como persona quieres conseguir. Y te diré más, el éxito de tu negocio depende de lo que este te aporte a ti como persona.

No hay negocio que se sostenga en el largo plazo si no hay evolución personal de la persona que lo gestiona. La evolución de tu negocio dependerá de tu evolución como persona, y tendrás que ir adaptándolo a la situación en la que te encuentras tú de manera personal. Esto, que parece sencillo, es una de las mayores fuentes de conflicto en todo el desarrollo de negocio, porque el cambio que sufres como persona, de manera inevitable afecta y condiciona la relación que mantienes con tu entorno profesional: proveedores, clientes, empleados,…. Y no siempre es fácil que estos lo entiendan. En este caso te tocará elegir.